Arrancando los pétalos de la Felicidad.

MargaritaHoy nos hablan, hablamos, de Felicidad día sí, día no. Proponiéndola como acompañante para nuestro puesto de trabajo.

Algunos se suben al carro, convirtiéndola en la herramienta salvadora de sus cuentas de resultados. Unos, equivocados, siguen en su mentalidad cerrada de moverse en la importancia de un resultado y se aventuran a ello si con solo nombrarla les lleva a reconducir la situación. Otros, envuelven regalos en papeles llamativos decorados con estrellas. Buscan llenar tu satisfacción ante el gran volumen de lo entregado. Unos y otros saben que cuando rasques descubrirás la falta de esencia. Sin embargo a ellos, les da igual.

En estas pavonean las bonanzas de las políticas recién establecidas, las pregonan, las comparten y cruzan sus brazos esperando volver a los tiempos de las flechas crecientes y los números coloreados de verde.

Me adelanto a vaticinar que en un tiempo breve rechazarán lo iniciado al ver que el retorno no es el esperado. Los “nuevos gurús” decretarán que aquello de la felicidad en el trabajo no era mas que una herramienta más de un marketing anticuado y propondrán nuevas maneras de conseguir la mayor de las riquezas.

Mientras, lo importante, es bandeado por ideas inconsistentes entendidas a medias. Se pedirá una adaptabilidad y flexibilidad a los que tienen la cintura frágil de tanto zigzaguear en los últimos años, obligados por las circunstancias y por las directrices dadas por un capitán de barco que en algunos casos, no se examinó siquiera de timonel.  

Los pétalos de la margarita irán siendo arrancados sin más, como el que arranca la hoja de un calendario sin tomar conciencia de lo vivido; sin pararse a pensar en lo sucedido; sin sacar conclusiones de lo aprendido. Ceguera permanente que nos lleva a no ilusionarnos por la nueva hoja que se nos muestra.

Señores convencidos de los fallos de los demás y desconocedores de su ombligo. Buscadores de métodos que les lleven a perpetuar sus posaderas en un asiento de cuero mientras que los de abajo acuden a un lugar sin saber para qué lo hacen. Abandonados corazones que en otros tiempos movieron motores ilusionantes ante un proyecto común.

Piensan que son los demás, los necesitados de cambiar. Mientras tanto, seguirán utilizando conceptos humanos tan intensamente buscados, sin importarles el daño que pueda recaer en ello. Convencidos que ellos nunca alcanzarán esa deseada Felicidad pues nunca tuvieron obligación de agarrarse a algo tan… ¿quimérico? 

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