Tiempo pasado que ancla la acción presente

OjoSentado en el interior de tu cueva. Ese lugar que solamente conoces tú. Protegido de lo externo; abrigado por los momentos en él vivido.  Tiempo pasado que ancla la acción presente.

Pides, reclamas una señal que te ilumine el camino a seguir. Desesperado de permanecer en la penumbra. Inquietud ante el escalón venidero que te planteará el reto, nuevamente, de subir o caer a un abismo que parece no tener fondo. Escalera maldita, llena de peldaños rotos.

Respiras el aire cargado de la estancia no ventilada. Con cada inspiración, rellenas la batería de la frustración, la culpa, la inseguridad,…

Cierras los ojos y repasas lo vivido. Con cierto miedo, pero sin prisa, te entregas a recordar la línea trazada. Aceptando las curvas, los trazos que retrocedieron y sabiendo que esa línea, es la tuya.

En ella, existen momentos altos, de los que te sientes muy orgulloso. Otros, marcan valles que pensabas olvidados. Sin embargo, ahí siguen. Y esos son los que te frenan, los que techan tu cueva. Respiras, aún más profundamente, y notas  pequeñas perlas de sal recorriendo tu mejilla.

Aprietas más los ojos y ante ti, una nube que simula una palabra. No quieres abrir los ojos, no si antes no consigues leer esa palabra. Sabes que en ella está esa señal deseada. Sin embargo, cuánto más quieres leerla, más borrosa aparece. Nuevamente respiras, llenas el abdomen de aire y consigues un momento de relax, tranquilidad, eso que tanto buscabas y nunca lograbas.

Eliminas la tensión de tus párpados y la palabra cada vez más clara. La lees, la sientes y lo que eran perlas se convierte en un manantial de lágrimas. Un escalofrío recorre todo tu cuerpo y cada poro de tu piel se llena de vida.  En décimas de segundo, esa línea llena de curvas, de trazos que te hicieron retroceder, de momentos más o menos álgidos se convierte en una línea recta.

No quieres abrir los ojos, temes que al hacerlo toda esa magia desaparezca. Vuelves a leer la palabra escrita en la nube, y sientes que se va fundiendo con un cielo azul que ha conseguido destruir el techo de tu cueva.

Abres los ojos, tomas un bolígrafo, un papel y lentamente te preparas para escribir la palabra. Quieres tenerla siempre presente, no la olvidarás nunca.

Secas tus ojos, sentado, respiras y lentamente escribes: “Perdónate”

Y te quedas mirándola. Y poco a poco…te perdonas.

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