De leones…y de cebras.

Si nunca has tenido un jefe manipulador, un vecino  interesado en ”alegrarte” la vida, un amigo que se convierte en el manager de tus relaciones, un padre que dibuja el camino por el que debe seguir tu vida, un desconocido que de pronto no deja de aparecer en tu vida de manera ¿casual?, un marido pesimista que no para de quejarse, una suegra con dotes adivinatorias que pronostica el fin de tu matrimonio, un hijo irascible que atormenta tu hogar… si no has tenido cerca a alguno de estos perfiles, este post no es para ti. Sin embargo, si según has ido leyendo  te ha venido a la mente posibles nombres, situaciones o simplemente se te ha erizado la piel te invito a que sigas leyendo.

En mayor o menor medida todos tenemos gente a nuestro alrededor  que logra dejarnos sin energía, estar cerca de ellos supone un descenso de nuestra capacidad emocional, son capaces de dejarnos sin fuerzas. Aparecen en el trabajo, en la familia, entre los amigos. Suelen actuar lo mismo que lo hacen los leones cuando quieren cazar esa cebra que han divisado en la distancia. El león entonces:

  • Se camuflará para no ser visto e irá sigilosamente
  • Tendrá sus reflejos preparados para cuando llegue el momento de actuar
  • Agudizará sus sentidos
  • Dominará el entorno, analizando posibles escapatorias suyas y posibles reacciones de su presa
  • No mostrará prisa, tendrá la paciencia necesaria para atacar en el momento justo
  • Detectará a aquella presa que inicialmente muestre indicios de ser la más débil
  • Se especializará en determinadas presas y solo cazará cuando lo necesite.

Un depredador emocional, una persona tóxica, actúa de la misma manera que lo hace un león o cualquier otro depredador. Tan solo existen dos cosas que realiza de manera diferente. El depredador emocional atacará siempre, no solo por necesidad, y seleccionará a la presa que él considere más fuerte.

El depredador emocional ataca para robar la fuerza emocional, la capacidad intelectual  o la fuerza espiritual de su presa. Quiere aquello que él no tiene. Suele ser una  persona con una baja autoestima y sin ninguna capacidad para emocionarse. Nada le conmueve, nada le alegra, nada le motiva. Una presa propicia suele ser aquella que detecta que tiene aquello que él no posee. Si ve a alguien feliz irá a por él para robarles esa felicidad. Si ve a alguien que destaca por su inteligencia, irá a por él.

Son difíciles de identificar, pues no destacan por nada especial. Su comportamiento suele ser como el de los demás, su aspecto es normal, pasan desapercibidos. Cuando está en algún grupo puede que tenga un cierto papel de líder y un reconocimiento por parte del resto de los integrantes. Se manejan bien dentro de los grupos y suelen ser los primeros que felicitan a su presa si estos logran un ascenso o promoción, aunque por dentro les esté doliendo ese momento de felicidad del otro. Ya buscarán el momento de vengarse.

Tejen su red entre los componentes del grupo buscando el desprestigio de su presa para que cuando esta pierda los nervios,  usarlo de ejemplo a lo que él ya les había contado. Son fríos, calculadores y totalmente conscientes de lo que están realizando. Su comportamiento viene dado por miedo, por celos. Temen que la presa les quite aquello que ellos identifican como propio.

El grado de toxicidad es muy amplio. Existen casos peligrosos y casos que nos rodean día a día y puede que no tengamos identificados por su levedad pero que según pasan los días notaremos como ciertas personas nos van descargando de energía solo con verles.

Afortunadamente tenemos a nuestro alcance “armas” suficientes para manejar a este tipo de personas. Identificar al vampiro emocional, reconocer quién puede ser tóxico, entrenar las “armas”, conocerlas y saber cuál usar en cada momento te colocará en un lugar privilegiado para hacer que el león busque otra cebra.

“Someter al enemigo sin combatir es el colmo de la habilidad”

Sun Tzu

 

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Comments
One Response to “De leones…y de cebras.”
  1. Anónimo dice:

    Quisiera saber cuál es el método de defensa de la cebra.

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