Los hombres sí lloran.

Desde bien pequeño me enseñaron que los hombres no lloraban. La manera que tenían mis padres para calmarme el llanto era con este comentario. “¿Pero qué haces? ¿no sabes que los hombres no lloran?”. Ante eso,  yo paraba de llorar para demostrar mi supuesta “hombría de niño pequeño”. Internamente ese llanto recorría todo mi cuerpo.

Mis padres, como otros padres de esa época, utilizaron de manera inconsciente esta práctica, sin saber lo que estaban haciendo. Lo consideraban algo inocente y con el único objetivo de calmar las lágrimas de su hijo.

Lo primero que hacemos nada más venir al mundo es llorar ¡Bendito llanto! Pocas cosas recuerdo con más emoción que el llanto de mis dos hijos al nacer. Sin embargo, la sonrisa no aparece en el ser humano hasta el tercer mes de vida.

Siendo bebés usamos el llanto como medio de comunicación. No podemos hacerlo de otra manera. Así buscamos el ser alimentados, transmitir que necesitamos ser limpiados, hacer saber que estamos enfermos o simplemente hacernos notar y saber que no estamos solos.

El llanto en general describe cuando alguien derrama lágrimas en reacción a un estado emocionado.Las lágrimas producidas durante el llanto emocionado tienen una composición química que difiere de otros tipos de lágrima. Están compuestas de cantidades más altas de las hormonas prolactina, adrenocorticotropa, leu-enkefalino6 y los elementos potasio y manganeso.

Nos enseñan a ver como “normal” que un bebé llore y se desespere ante la pasividad aparente del adulto para no malcriar a ese bebé. No existe mayor herida emocional que la frialdad e indiferencia, como única respuesta a un llanto demandante de un niño desconsolado. Apunto “pasividad aparente”, por considerar que los adultos que se comportan de esta forma, en realidad sienten irritabilidad y rechazo ante el llanto vivido como molesto, ignorando la función que cumple en la vida de un bebé.

Pero una vez que aprendemos a hablar, ese molesto llanto se busca el controlarlo con la maldita sentencia “¡No llores! ¿No sabes que los hombres no lloran?”. Frase, entre otras cosas, discriminatoria. Desde pequeño ya nos hacían ver que niños y niñas “éramos diferentes”. Más de una ocasión me pregunté por qué ellas sí podían llorar y yo tenía que guardar mi emoción y no poder sacarla al exterior. Nunca supe la opinión de ellas al respecto. Por otro lado si se te ocurría llorar en el colegio, tus compañeros te señalarían con el dedo y te acusarían de ser una niña ¡Bendita infancia! Tanto en casa, como en el colegio, crecimos con la obligación de contener el llanto.

De acuerdo con la Sociedad Alemana de Oftalmología, que ha recopilado diferentes estudios científocos sobre el llanto, indica que las mujeres lloran en promedio entre 30 y 64 veces al año, los hombres lloran un promedio de entre 6 y 17 veces al año. No sabemos cuánto de culpa tiene el haber sido educado con la cantinela de “Los hombres no lloran”.

Otras versiones de esta frase son las de, los hombres son fuertes: los hombres no muestran sus emociones; los hombres no se emocionan; los hombres….

Todo llanto es producido por una emoción. Podemos llorar de pena, de tristeza, de desesperación, de rabia, de dolor…y de alegría. A través del llanto damos rienda suelta a la emoción que estamos viviendo internamente.

Una emoción es un estado afectivo que la persona experimenta. Una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos, tanto fisiológicos como endocrinos.No debemos obligar a los niños que controlen esas reacciones fisiológicas. Si intentamos enmudecer a las emociones podemos transformarlos en personas insensibles. Las emociones es un componente esencial en la persona.

El primer mecanismo de control de la emoción es contener la respiración, de esta manera se evita sentir. El segundo mecanismo es apretar las mandíbulas. Los dos unidos generan una tensión en el funcionamiento energético. El objetivo de estos mecanismos es mitigar la angustia que le genera el contacto exterior. “Primero me enfadan, me frustran, me insultan, me pegan y además me prohíben mostrar mis actos de defensa y protesta”.

Con esta manera de actuar el niño, pronto adolescente, vive con una contención emocional en su interior. Esto le puede llevar a comportarse de manera violenta, agresiva ¿Cuántos casos actuales de violencia pueden deberse a una contención emocional en la infancia?

Dejemos a los niños que lloren, que muestren sus emociones, que las conozcan y que aprendan ellos mismos a gestionarlas. Lejos de impedirles que las muestren, debemos ayudarles a identificar la causa que les ha producido llegar a esa emoción. TIenen que conocer cuál ha sido el quiebre que les ha llevado a esa emoción. Una vez identificado, nuestro papel como padres será acompañarles para que gestionen esa emoción. El “cómo” gestionen sus emociones marcará su existencia con un sello único y diferenciador: su carácter.

Los hombres sí lloran. Al menos yo sí lo hago. Yo lloro cuando ve algo injusto. Yo me emociono viendo un hermoso atardecer y me lleva a sentir lágrimas que caen por mi cara. Yo sollozo de alegría cuando veo que los que me rodean son felices. Si alguno todavía usa la frase “los hombres no lloran”, espero que esta pequeña aportación, al menos, le haga pensar sobre ello. Regalemos a nuestros hijos la oportunidad de vivir sus emociones y que ellos mismos aprendan a gestionarlas. Regalémosles a ellos aquello que a algunos nos quitaron sin querer y sin saber lo que estaban haciendo.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: