Tarde “perfecta”

Perfeccionismo

Me senté a observar pasar el “tiempo de los perfectos”.

Por delante de mí, pasó la señora “oportunidad” vestida con sus mejores galas. Decliné su invitación a ser su pareja en una gala, pues me faltaba la última clase de baile que me hubiera permitido hacerla sentir la mejor de las bailarinas.

Me visitó la altiva “auto exigencia”. Llegó de manera sigilosa. Buscando que nadie la viera, pues su prima “timidez” le obliga a que solamente mantenga contacto conmigo. Me recriminó que perdiera tiempo de esa manera. Por su “rígida” mente, circula la “creencia” que es imposible poder disfrutar contemplando simplemente un paisaje.

Casi sin darme cuenta, se sentó a mi lado la insatisfecha “insuficiencia”. Siempre pidiendo más, todo le parece poco. Desconocedora de límites y a la vez hermana de ellos. Devoradora de energía. No recuerdo muy bien, cómo pude deshacerme de ella. Supongo que cuando percibió que poco más podía ofrecerle, decidió buscar a otra víctima.

Un camión de policía rompió el silencio. Se trataba de uno de esos vehículos que trasladan presos al lugar en donde redimirán su pena y cumplirán por aquello que osaron hacer y no estaba estipulado en el código de los reglamentos creados por unos cuantos, hace unos tantos años. Me enteré más tarde que el camión iba lleno de “fallos” y “errores”. Banda de jóvenes que llevaban tiempo atemorizando al resto de la población. Estos muchachos cuándo aprenderán a cumplir con lo establecido.

 El Sol empezó a juntarse cada vez más con el horizonte, de pronto reconocí en la lejanía “la voz de mi interior”. Esa que aprovecha cualquier momento para burlarse de mi torpeza a la hora de tomar decisiones, llevar a la práctica acciones u obtener unos resultados lejos de lo que debería ser el “ideal”. En esta ocasión solté una carcajada por la escena tan surrealista y eso le llevó a esconderse tras unas piedras cercanas al río.

“Ideal”, manera poética de decir ”lo que debe ser”. Aquello que está escrito en el manual de las hojas en blanco. Normas que pasan de padres a hijos y se mantienen fieles a una tradición. Concepto valorado por algunos y provocador de vidas sin sentido para aquellos que lo padecen.

La tarde respiraba sus últimos instantes. Sol y Luna se guiñaron un ojo y mostraron complacencia, aceptación de “lo que debe ser”. Como el paisaje que hoy contemplo. En el que los árboles acompañan la melodía del viento. Las nubes rompen el fondo azul de un cielo cada vez más oscuro.

En el camino de vuelta a casa, decidí abandonar las normas del perfeccionismo. Para que otros muchos se aprovecharan de mi gran idea, decidí escribir un decálogo de puntos a seguir. Eso sí, tenían que ser perfectos.

 

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