Te estaba esperando

DespedidaPensaba que tan solo te encontraría al final de mi camino. Cerraba los ojos, evitando tu cercanía. Aunque ya tenía referencias tuyas, nunca las sentí de esta manera.

Durante estos meses te he tenido cerca. Ajeno a ti, te he sentido, me has mostrado lo cruel que puedes ser y lo deseada que te haces para algunos.

Respeto, autoimpuesto, ante lo desconocido. Sobriedad ante la tristeza de corazones rotos, sueños incumplidos y búsqueda rápida de frases que consuelen proyectos derrumbados.

Desconozco tu forma aleatoria de visitas, tampoco tengo interés por saberlo, aun sabiendo que un día llamarás a mi puerta y me llevarás en tus brazos meciendo mi sueño eterno.

Llantos desconsolados de los que quedan siguen grabados en mi mente, desgarrados ante lo inevitable, ojos que buscan un apoyo en el que consolar su pena, su soledad inminente.

Palabras entrecortadas, simulando decir “te quiero”. Cuando realmente saben que debían decir “te quise”. Silencio buscando escuchar una respuesta, que nunca llegará.

Despedida nunca acabada, en una cuenta atrás interminable y sin embargo corta.

Lágrimas que encharcan un suelo marcado por las huellas del respeto profundo por las creencias de cada uno y sin embargo, un mismo final. Momentos de acompañamiento pleno en el dolor, conocedor que mañana será otro.

Habitaciones de caras fingidas, cuando la realidad es conocida por todos. Muecas queriendo dibujar la más amplia de las sonrisas. Miradas solicitando una demora, un retraso que nunca llegará. Secreto compartido desde el silencio de no querer desvelar al otro que la hora ha llegado. Tu hora, tu tiempo.

 Y él que se va, mezcla la alegría ante lo que se le muestra y la impotencia de no poder transmitirlo a los seres queridos que se quedan. Quizás un soplo imperceptible, un guiño ciego, un susurro que no será escuchado,…

De pie frente a él, me viene una frase, que nunca olvido:

Olvídate de tu situación de vida durante un tiempo y presta atención a tu vida” (Eckhart Tolle)

Y el recuerdo de la frase la recibo como señal de que él ya está en su nueva casa.

Estos meses rondando a mi alrededor,  he aprendido una lección, otra más, de las muchas que quedan en el libro de mi vida.

Cuando llames a mi puerta, tan solo espero, agarrarte de la mano y decirte: “Te estaba esperando”.

Descansa en Paz.

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