El “exceso” bloquea.

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Para empezar te propongo un ejercicio. En un papel dibuja tu árbol genealógico. Tus padres, tíos, abuelos,… Pon todos los familiares que recuerdes, si es necesario, pide ayuda a tus padres. Cuando lo tengas hecho, pon al lado de cada uno su profesión.

Ahora, identifica, si existen profesiones que fueron pasando de unos a otros por ¿“Herencia familiar”?: “El niño será médico como su padre y su abuelo”.

Otras, porque no existía más opción: “Aquí en el pueblo todos nos dedicamos al campo”. Ahora, identifica, si existen profesiones que fueron pasando de unos a otros por ¿“Herencia familiar”?: “El niño será médico como su padre y su abuelo”.

 Otras, por elección del “sistema”: “La única opción que me dejaron fue irme a la capital a trabajar en una fábrica”.

 ¿Y hoy? Nunca antes hemos tenido tantas opciones para elegir. Sin embargo el “exceso” de opciones nos puede llevar al bloqueo. No estamos preparados psicológicamente para tal incremento de opciones.

 Imagina el típico restaurante que en su carta tiene una alta oferta de platos, todos estupendos ¿cuánto tiempo tardas en elegir? Y seguramente, que tras la elección, no te sentirás satisfecho pues pensarás que podría existir una opción mejor.

 Si no te gusta este ejemplo, piensa cuando vas a comprar ropa. O imagina a un niño en una tienda de juguetes, al que le dices que le comprarás únicamente un juguete.

 Recuerdo (perdón por no recordar dónde y de quién es) escuchar hace poco: “Hemos pasado de preguntar a nuestros padres: ¿qué hay de cena? A preguntar a nuestros hijos: ¿qué queréis cenar?”

 Según el psicólogo Barry Scharwtz: “Llegados a ese punto, la capacidad de elección ya no nos libera, sino que nos debilita. Podría decirse incluso que nos tiraniza”

  La capacidad de elección excesiva nos lleva a no manejarnos bien con ella. Vivir sin libertad de elección es insoportable, vivir con abundancia de opciones puede convertirse en una carga. Puede hasta paralizarnos y ante la diversidad de opciones, no escoger ninguna.

En ocasiones, mantenemos nuestra situación profesional actual, por exceso de opciones. Aun teniendo diferentes opciones para avanzar o mejorar la situación actual, al no identificar la mejor posible, nos quedamos paralizados. Y cuando optamos por una, no estamos satisfechos porque pensamos que existen mejores. El trabajo, queramos o no, es tan importante en nuestra vida que ya no nos vale con tener “un empleo que no está mal”. Buscamos, y en los próximos años cada vez lo harán más personas, un empleo en el que nos sintamos satisfechos.

Un paso inicial es limitar el número de opciones. Quieres montar una panadería, pero entre nosotros ¿Te apasiona hacer pan? ¿Esa opción es tuya o te la ha propuesto tu padre? ¿O en tu barrio no existe una panadería y por eso lo valoras como opción?

¿Tienes identificado qué elementos  básicos tiene que tener la profesión para sentirte satisfecho realizándola?

Una vez los tengas valora qué profesiones se adaptan mejor a tus expectativas.

Y recuerda, nada es definitivo. Nadie te obligará a trabajar como panadero, el resto de tu vida.

Y volviendo al árbol genealógico del inicio… ¿y tú? ¿cómo elegiste?

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