Erase una vez,…

Quién no conoce la historia de esos tres hermanos que en un momento de su vida decidieron tomar caminos diferentes y emprender una aventura por separado. Amantes de la música, cansados de vivir con sus padres decidieron afrontar la aventura de vivir, con sus riesgos y sus momentos de alegría. Maravillosa historia la de los tres cerditos y el lobo. Este cuento nos puede llevar a sacar conclusiones acerca de cómo manejar el ingenio, realizar un estudio sobre análisis de prioridades (no olvidemos que el verdadero objetivo de los cerditos era jugar, no construir una casa), comportamiento ante un obstáculo, papel del líder, etc…
Sin embargo quiero utilizarlo inicialmente para transmitir la importancia de construir bien una casa. Siempre nos han dicho que las casas no se empiezan por el tejado (aunque ya existe alguna construida de esta manera), las casas se construyen de abajo hacia arriba. Podremos utilizar diversos materiales que nos darán más o menos estabilidad o nos podrán aislar más o menos del mundo exterior y de las inclemencias climáticas, pero se construye de abajo hacia arriba.

Durante años he tenido ocasión de reunirme con directores de diversos departamentos, recursos humanos, financieros, compras, comerciales….todos en algún momento de la reunión me transmitían lo importante que son las personas para ellos. Por plasmarlo con una frase común a todos ellos: “Los trabajadores de nuestra empresa son el activo más importante de la misma”. Todavía me asombro que a estas alturas, sea capaz de mostrar una cara de admiración y de reconocimiento por la sinceridad con la que me transmiten tan importante declaración.

Algunos se quedan en solo esa declaración. Otros ahondan más y me explican las políticas de formación que tienen, programas de reconocimiento, sistema de remuneración de incentivos, premios, plan de conciliación… infinidad de herramientas que les permite hacer ver a sus empleados la importancia que tienen para ellos.

Me encanta analizar el grado de entusiasmo con el que me lo cuentan, eso me da una primera pista de cuánto de realidad existe. Es la primera señal que tengo para empezar a identificar si la casa está hecha de paja, de hierba o de cemento.

Una de las malas costumbres que tengo es pedir a mis interlocutores que me plasmen en un papel el organigrama de la compañía. Es algo que hacen con agrado porque a quién no le gusta hablar de su casa. Con mayor o menor capacidad plástica me van llenando la hoja con cajitas, flechas, ponen nombre a las cajitas, cruzan más flechas, alguno usa hasta colores… tengo una colección fantástica de organigramas de empresas.
Con este ejercicio consigo una información valiosa que me permite intuir qué tengo delante.
Algunos no se acuerdan de los nombres que van dentro de alguna caja.
Otros no conocen el organigrama de “su empresa”.
El 95% de ellos se queda en los mandos intermedios. Por debajo de ellos dibujan una nebulosa que no logran a identificar con un nombre concreto y bien definido. Podría enumerar bastantes casos peculiares. Sin embargo lo que más me llama la atención es que todos empiezan a dibujar el organigrama por el tejado. Del tejado hacia abajo.
Hasta la fecha, y llevo años, nadie me ha dibujado el organigrama de abajo a arriba. No deja de chocarme este comportamiento ¿Si los trabajadores son el activo más importante porque no les damos el tratamiento que se merecen y empezamos por reflejar esta importancia en dibujar los organigramas de abajo hacia arriba?
Los materiales de la casa, podrán ser de paja, de hierba o de cemento cada uno sabrá los riesgos que quiere correr o lo que puede invertir en su vivienda. Pero, por favor, si decimos que lo más importante son los inquilinos, empecemos a darle la importancia que se merecen. Que no solo sea una frase fabricada de puertas hacia fuera, vayamos más allá de poner a su disposición un programa de formación, un plan de incentivos, un premio….¿Les hemos preguntado qué es lo que realmente quieren para sentirse el activo más importante de cada una de nuestras empresas? ¿Queremos saberlo?

Colorín, colorado…

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Comments
One Response to “Erase una vez,…”
  1. Qué gran razón tienes. Como siempre he dicho lo malo que tienen poner la zanahoria delante del burro es que sólo te sirve para un viaje. Cuando lo intentas por segunda vez el burro se te planta y te dice que tires tú sólo del carro.

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